Censura, autocensura y patrullaje en tiempos de crisis

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Seguramente ya muchos han escrito al respecto, ante cada momento de crisis las sociedades tienden a abrazar cualquier figura paterna, encolumnarse y agachar la cabeza. Eso o entrar en el caos total de la anarquía.

Pero en los momentos en los que se promueve la "unión" ante un enemigo común siempre se cayó en la tiranía de la orden maestra. Nada que no sea el objetivo, la victoria final, es importante. Todo es secundario, mundano, hasta un insulto al esfuerzo mayor el sólo hecho de plantearlo.

En estos días vivimos una de las peores secuelas de una crisis en curso, la censura, la autocensura y la persecución de la disidencia. Pero son tan suaves, tan leves, que no nos damos cuenta.

Este posteo es una continuación de mis ideas de hace un par de semanas cuando publiqué "El neofascismo pandémico", porque las cosas no sólo evolucionan: a veces empeoran.

Durante los últimos días somos testigos de varios síntomas comunes y no me refiero a la enfermedad pandémica en curso.

Uno de ellos es la censura. Censura leve, tenue, imperceptible pero que poco a poco va creciendo. ¿Cómo decís eso? No tenés corazón! Qué poco patriota que sos! Hay que estar unidos, aplaudamos todos juntos, ¿Por qué no aplaudís? Sos un insensible! No tenés empatía!

Micro ataques a diestra y siniestra, sea porque no llevás un barbijo bien puesto o porque saliste a pasear al perro, pero poco a poco concentrándose en otros asuntos más relacionados con lo gubernamental y político.

Hace una semana el tema fuerte fue el pago de sobreprecios para compras de alimentos, en plena pandemia el ministerio que debía hacer una compra terminó pagando mucho más de lo que cualquier vecino podría conseguir en un supermercado caro por el mismo producto.

No es la primera vez que un gobierno pagará un sobreprecio, usualmente las licitaciones a ese efecto estan dibujadas o cartelizadas, se acuerda algo "pagable pero caro", sumado al hecho de que el estado SIEMPRE paga mal (salvo a amigos), a destiempo y con mucho atraso (jamás existe justificante, sólo la burocracia y el "se hizo así siempre").

Pero esta vez fue justo ante una crisis mayúscula, sin precedentes, la mayor que hemos tenido en la corta historia de nuestro país. La reacción de algunos fue correcta e inmediata, denunciarlo, acusar, exponer, difundir.

Pero la contra reacción censuradora actuó inmediatamente. Es entendible que el político involucrado sea el que trate de tapar el desfalco, si no lo hace le cuesta la cabeza, pero que todo el organismo estatal lo defienda (ante las circunstancias) empieza a hacer ruido, que se sume la prensa vendida es usual también, pero en un punto resultó tan molesto como para precipitar varias cosas: Admitir el problema, echar culpas, pedir alguna renuncia, prometer a futuro hacerlo mejor... y evitar que la prensa vuelva a enterarse volviendo todo el sistema digital a papel, así para cuando se enteren ya pasaron varios meses y no se pude volver atrás ningún contrato.

Sí, todo eso en medio de una pendemia con toda la población recluida forzosamente sin poder defender derecho alguno ni teniendo al poder judicial o al legislativo operando.

¿Esto no le llamó la atención a nadie? El país está operando sub-democráticamente, sin república, todos actúan como si estuvieran sedados. Traquilos, manso, el líder nos guiará. El miedo paraliza.

Así como en la Alemania de 1933, recurso más que válido para entender estos momentos, se necesita de un enemigo fuerte para consolidar una fuerza nacionalista, patriótica y, especialmente, obedeciente de ciudadanos autocensurados.

Un chiste muy común del ministro de propaganda nazi era que él afirmaba que jamás censuraba absolutamente a ningún medio de comunicación. Éstos ya sabían qué le había pasado a los que se habían atrevido en el pasado a discentir. Sencillamente se dedicaban a pasar música y leer los comunicados oficiales del Reichsministerium für Volksaufklärung und Propaganda.

Cuando la sociedad se autocensura valida completamente cualquier acto impropio de quien lo gobierna. Se transforma en cómplice.

Pero no sólo en estas circunstancias se está dando la censura, hay una censura social muy particular que va de la mano de mi anterior artículo.

En la misma semana que escribo estas líneas un gobernador del arco político opositor presentó su idea de marcar las puertas de las casas de individuos con señalización para indicar que allí vive alguien con COVID-19.

No hace falta apuntar la munición contra un partido y/o ideología en particular, cuando se tiene el poder todos recurren a los mismos métodos autoritarios.

Decenas de municipios cerrándole la entrada (de forma totalmente ilegal y anticonstitucional) a personas de otros pueblos o legítimos ciudadanos del mismo que tenían que pasar una cuarentena. Ejemplo sencillo: un joven que volvía de Brasil con permiso de Migraciones y obligación de hacer cuarentena (15 días) sin movilizarse. No lo dejaron ni entrar.

No fueron las autoridades de su pueblo: fue la misma gente. El censurador pasó a ser la misma masa que decide por sobre las leyes.

Durante estas semanas, desde el Ministerio de Seguridad, empezaron a aplicar los mismos métodos fascistas del gobierno anterior: persecución política por los dichos personales en redes sociales.

Si a Patricia Bullrich se le criticaba con razón ¿Por qué Sabina Frederic tiene derecho a cometer las mismas barbaridades?

El gobierno anterior, como método de represalia por la caída en desgracia del voto electrónico, inventó causas y llevó detenidos a varios que se habían atrevido a denunciar la estafa a la que se quería someter a la democracia. Gracias a esfuerzos aislados individuales el tema cobró notoriedad y perdieron todo apoyo político. Se cayó el desfalco.

La consecuencia para ellos fue el espionaje interno y "ciberpatrullaje". Ilegal, inconstitucional pero aun así facilitado por jueces que ni siquiera pueden interpretar una red social, menos un Tuit.

El actual ministerio tomó las mismas herramientas, los mismos métodos, realizando Open Source Intelligence (OSINT) a los ciudadanos por parte de Gendarmería Nacional que viene a ser el cuerpo militarizado menos capaz y menos correcto para hacer tamaño trabajo.

El resultado es un trabajo a dedómetro basado en "keywords", ya con mencionar una palabra clave "inadecuada" serás estudiado. Este mismo artículo podría ser objeto de investigación por ofrecer una opinión "disidente" que cambie el "humor social".

Las excusas oficiales son prácticamente peores que el acto mismo porque estan reconociendo un trabajo de inteligencia sobre la sociedad, algo que, sin una orden judicial, es totalmente ilegal para el Poder Ejecutivo.

¿Y dónde está la queja masiva ante este ataque directo y despiadado contra la constitución y la república? No existe.

Ustedes se callaron, no han dicho nada, no quieren meterse, prefieren que el gran líder les de el amor que les hace falta.

El periodismo aceptó el comunicado oficial, no lo criticó, no lo puso en duda, la versión del ministerio es única, válida e indiscutible.

Todos aceptaron, se autocensuraron y aceptaron la censura impuesta, todo en pos de un beneficio mayor, un milagro que les cure la pandemia.

Como si por el sólo hecho de vulnerar hasta el último de tus derechos creara milagrosamente una vacuna, te devolviera la cotidianidad, tu rutina, tu espacio.



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